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7 Mitos de la Producción Alimentaria

5. Ambiente
El mito: La agricultura industrial no causa más daño al ambiente que la agroecológica.

Si sumamos los efectos de los tóxicos que se vierten al ambiente, la liberación de gases que destruyen la atmósfera cada vez que se ara o deforesta, la destrucción de la cobertura vegetal para dar paso a ganadería o agricultura extensiva, y el transporte global de alimentos, el moderno sistema de producción y comercialización de alimentos es responsable por el 48% del cambio climático. Esto lo convierte en la actividad humana más destructiva para el ambiente.

La agroecología, en cambio, promueve la regheneración de ecosistemas naturales, y la producción en sistemas que imitan funcionalmente a la naturaleza. Los ecosistemas productivos generados por la agroecología logran en los primeros años de transición frenar y luego revertir la destrucción ambiental. Cuando maduran, al cabo de 5 a 10 años de trabajo, se encuentran entregando recursos al ambiente, mejorando las condiciones regionales en muchos aspectos, a medida que crece la biodiversidad y la biomasa, aumenta la fertilidad del suelo y el abastecimiento de agua.

6. Cultura
El mito: La agricultura industrial es parte del progreso y de la modernidad a la que todos debemos aspirar.

Desde finales del siglo diecinueve la humanidad se ha dedicado a adorar y perseguir el ideal del progreso industrial constante e irrefrenable, en respuesta a las necesidades de un sistema económico insostenible que para subsistir necesita crecer sin parar.
La homogenización cultural es un resultado evidente de la globalización: todas las culturas del mundo van desapareciendo, para dar lugar a un monocultivo de mentes y actitudes. Un mundo de consumidores compulsivos, de esclavos laborales que se visten igual, hablan de forma similar, se rebelan de la misma manera, y sobre todo, consumen los mismos productos. Las beneficiarias de esta situación son las grandes empresas, que hoy son las instituciones más poderosas del planeta, por encima de las naciones y las religiones.
Esta homogenización presenta un riesgo muy grande para la sobrevivencia de la humanidad (además de ser triste y aburrida). La historia del planeta nos muestra que la calidad de vida y la capacidad de adaptación y subsistencia dependen de la diversidad. La misma regla que se aplica a la biología, se aplica a la cultura. Un mundo culturalmente diverso no solo es más bello e interesante, sino que además representa muchas formas distintas de adaptación a condiciones locales.
En ningun área es esto tan visible como en la producción y consumo del alimento. En cada rincón del planeta, las culturas originarias desarrollaron métodos de cultivo y formas de preparar la comida que se adaptaban a la realidad local. Esta fue una evolución de miles de años, con el resultado evidente de que la gente es más sana consumiendo los alimentos tradicionales de su cultura.

7. Economía local y empleo
El mito: La agricultura convencional genera fuentes de empleo y fortalece la economía.

En un mercado dominado por la agroindustria, donde la economía local ha sido destruida, solo las grandes empresas pueden ofrecer empleo remunerado, para un porcentaje reducido de la población.
Cada vez que gastamos dinero en productos industrializados, ese dinero escapa de la economía local. Se fuga a otras regiones del país, o al extranjero. Es como una forma de minería, donde las empresas extraen la riqueza regional directamente de los bolsillos de los consumidores.
Tomemos el caso de los productores de trigo: hasta la década del 70, la zona central de los andes ecuatorianos era el granero de la región, permitiendo un auto abastecimiento cercano al 100% para la nación. Luego empresarios de la costa empezaron a exportar trigo barato del extranjero, y finalmente el gobierno ecuatoriano aceptó “donaciones” de trigo norteamericano, hasta quebrar a los productores nacionales. Ahora Ecuador importa más del 90% del trigo que consumimos.
El modelo de agricultura industrializada se orienta al uso de maquinaria agrícola para reemplazar mano de obra, a la contratación de mano de obra mal pagada y en muchos casos explotada (incumplimiento de obligaciones laborales como la seguridad social o el reconocimiento de horas extras), y contratos de producción que no son equitativos. Esto genera desempleo, sub empleo y explotación.

La agroecología requiere más mano de obra, eso es innegable. Por tanto, tiene una mayor capacidad de contratación, y de reducir el desempleo a nivel local. Al ser una agricultura de tipo familiar o asociativa, negocia contratos de forma más personal y directa; es decir, el trabajador tiene una relación cercana con el empleador, y puede negociar con más libertad y equidad. Las condiciones de trabajo son mucho mejores: trabajo diverso, en un ambiente sano.

Miremos detenidamente las siguientes tablas, extraídas del libro Reforma Agraria en el Ecuador: Viejos Temas Nuevos Argumentos, publicado por el SIPAE:

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Es decir que en el mejor de los casos, de acuerdo a estos ejemplos, la agroempresa puede dar empleo a una persona por cada dos hectáreas, con un sueldo de hasta US$ 14 por día. La agroecología familiar puede emplear en el mismo espacio a 3 personas, con un ingreso de US$ 17 por día. En consecuencia, la agroecología genera hasta US$ 25,5 en sueldos por hectárea, la agroempresa solo US$ 7.

Con la agroecología nadie puede hacerse inmensamente rico. Pero sí que se genera riqueza; lo que ocurre es que esa riqueza se reparte con más equidad en la población.

Otra de las características de la agroecología es que no se orienta a la exportación y el transporte a grandes distancias, sino que busca comercializar a nivel local. Debido a esto, colabora muy efectivamente a fortalecer la economía en su región.

Conclusiones

La desinformación existente en estos temas es en gran parte responsable de que no cambiemos el sistema alimentario actual. Mucha gente apoyaría el cambio, si tuvieran una comprensión más profunda de lo que está sucediendo. Es necesario que quienes luchamos por el verdadero progreso, el progreso hacia un mundo más justo, humano y sostenible, no nos callemos. Esperamos que los argumentos aquí presentados puedan servir para ello.

Estos argumentos no son circunstanciales. En junio de 2010, el relator de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, se basó en datos y estudios similares para declarar que la Agroecología constituye la mayor esperanza de la humanidad para enfrentar los problemas conexos del hambre y el cambio climático.

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