Ramón Alcívar, de Ambuquí, Ecuador, con los frutos de su trabajo. Una mejora en la producción de mango gracias a los cultivos de cobertura. Foto: Macrena.

Las coberturas lo hacen todo

Por Maximo Ochoa, Pedro J. Oyarzun y Stephen Sherwood, Ecuador

Experiencias con abonos verdes y cultivos de cobertura para regenerar suelos degradados y mejorar la calidad de los cultivos.

Para nadie es un secreto el lamentable estado de la mayor parte de los suelos en la zona andina. La deforestación, las practicas mecánicas inapropiadas, el monocultivo y el cultivo de escarda en laderas ha terminado en buena medida con el suelo fértil. El subsuelo ocupa hoy una buena parte de la superficie arable expuesta. Un típico indicador de esta situación se expresa en las tendencias a una creciente disminución de los contenidos de materia orgánica y por consiguiente en la estabilidad de la estructura y de sus contenidos de nutrientes. El uso de agroquímicos no ha hecho más que empeorar la situación. La búsqueda de soluciones para generar suficiente materia orgánica, particularmente en fincas de pequeños productores, ha llamado fuertemente la atención. En los dos últimos años, los autores hemos estado apoyando una red de agricultores experimentadores en su búsqueda de alternativas locales para producir materia orgánica y elevar o contrarrestar las tendencias negativas en la fertilidad de los suelos. Como fruto de esta experiencia de campo, vemos mucha oportunidad en la practica de los cultivos de coberturas y los cultivos de abonos verdes.

El uso de “cultivos de cobertura” es una práctica ancestral que consiste en la incorporación de cultivos adicionales a un cultivo principal o durante el barbecho con el objetivo de proteger al suelo de los efectos erosivos del viento, las lluvias y las altas temperaturas. De modo similar, los denominados “abonos verdes” son cultivos destinados a producir una masa verde de hojas que es destinada a mantener o incrementar el contenido de materia orgánica del suelo y elevar su fertilidad. Las plantas que se usan pertenecen a especies de crecimiento rápido, y son enterradas en el mismo lugar donde crecieron cuando florecen (antes de que destinen sus nutrientes para formar las semillas). Con este método se produce humus en el suelo.

Los cultivos de cobertura y los abonos verdes a menudo comparten o complementan propósitos, y sus resultados pueden ser similares. Las especies más usadas pertenecen a las familias de los frijoles (leguminosas) y las gramas y zacates (gramíneas) y, en menor escala, los zapallos (cucurbitas).

Así se ven los suelos sin coberturas (izquierda) y con coberturas (derecha). La diferencia salta a la vista. Foto: Macrena

Así se ven los suelos sin coberturas (izquierda) y con coberturas (derecha). La diferencia salta a la vista. Foto: Macrena

Ventajas

Entre las ventajas más importantes de los cultivos de cobertura y abonos verdes, hemos visto que:

1. Estimulan de forma inmediata la actividad biológica y mejoran la estructura del suelo. Esto se da por varias razones: en primer lugar, por la acción mecánica de las raíces, que al ir penetrando aflojan el suelo y crean conductos por los que puede circular el agua, el aire y los nutrientes. Las raíces además exudan compuestos bioquímicos que ayudan a mejorar la calidad del suelo. A medida que la planta crece, un porcentaje de las raíces va muriendo, y pasa a formar parte de la materia orgánica que al descomponerse alimenta al suelo. Finalmente, hay un beneficio considerable por la acción directa de las células microbianas y de los hongos que se multiplican entre las raíces.

2. Protegen al suelo de la erosión y la desecación, formando un manto que frena los rayos solares que si bien son necesarios para el crecimiento vegetal, por otra parte destruyen rápidamente a la biomasa del suelo. El impacto de la lluvia se ve disminuido también, siendo aprovechado por las coberturas en lugar de pulverizar la capa superficial del suelo y causar erosión. Esto mejora la circulación del agua en el suelo.

3. Aseguran la renovación del humus, acelerando su mineralización. Es decir, el humus se estabiliza en el suelo, adquiere minerales y los preserva para su fácil acceso y uso por parte de las plantas. Esto se logra mediante el aporte de un humus más “joven” y más activo.

4. Enriquecen al suelo en nitrógeno, si se trata de leguminosas, e impiden en gran medida la perdida éste y de otros nutrientes.

5. Al descomponerse estos cultivos, se liberan o sintetizan sustancias orgánicas muy activas, que tienen una acción favorable sobre el crecimiento de las plantas y su resistencia a las plagas. Esto ocurre evidentemente en mayor volumen en el caso de los abonos verdes.

6. Cuando se usan en cultivos de cereales, las coberturas aseguran una mejor descomposición de la paja del cereal, al mantener el medio más húmedo, equilibrar la relación de carbón y nitrógeno (C/N) y activar los microorganismos del suelo.

7. Inhiben el crecimiento de malezas, directamente por el efecto de la cubierta vegetal que bloquea e acceso al sol, e indirectamente porque algunas coberturas generan sustancias bioquímicas que dificultan el crecimiento de las malezas.

(continúa el artículo en la próxima página)

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